¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué necesitamos que alguien nos ordene, nos diga lo que tenemos o podemos hacer o hasta dónde podemos llegar? ¿Por qué necesitamos el juicio y el castigo, el caballo y la espada?

Es el miedo el que fabrica el Derecho, cada frase, cada palabra, está relacionada con el temor y el miedo lo produce nuestra cabeza y por ello somos como somos. No existe un determinismo, una mano divina, una voluntad, un programa. El azar eligió un determinado “gen cultural” que permitió la evolución del cerebro, de la materia gris que fabrica la razón, el juicio, la palabra y el Derecho.

La evolución es la evolución del celebro y la evolución siempre se produce por necesidad, porque cuando no se necesita una cosa se debilita, se deteriora y desaparece. La evolución personal pero también social, se produce cuando el proceso de copia no es exacto, cuando las cosas no van bien, entonces se produce el cambio.

Los animales no pueden pensar, ni razonar, ni planificar, no lo necesitan para sobrevivir y por ello no pueden ni necesitan ordenar sus conductas en relación con la de otros, no son libres. Para ellos el instinto lo es todo. En cambio nosotros. Nosotros para sobrevivir, necesitamos decidir. Necesitamos interpretar el mundo y controlarlo para poder seguir, porque estamos rodeados de una naturaleza hostil frente a la que somos muy poco competitivos. Tenemos que decidir, tenemos que elegir para seguir existiendo y esta necesidad es la que nos ha exigido inventar el arco, el fuego, la espada…y el Derecho.

¿Cuándo se produjo el cambio? Hace cientos de miles de años, un antecesor nuestro, seguramente el más débil y enfermo, un ejemplar físicamente defectuoso, aquel chimpancé  que apartaron del grupo por raro y al que daban unas semanas de vida, miedoso, aterrorizado por su debilidad, aquel indefenso antecesor con el instinto un poco atrofiado, aquel ser diferente, poco competitivo, a punto de fallecer, resultaría revolucionario porque su inferioridad, su debilidad lo cambió todo.

El error genético que le hizo débil y diferente le obligó a esforzarse para sobrevivir. La mutación que le hizo débil frente a los suyos le permitió evolucionar hasta desarrollar el talento e inventar la rueda y el ordenador pero también el poder político y la virtud. Lo que no mató a ese primate singular le hizo inteligente pero también débil, miedoso y consecuentemente egoísta y codicioso. Así pasó de proferir gritos a la comunicación verbal, a la palabra.

¿Qué es el hombre? se preguntó Kant. El hombre es la palabra. Los animales tienen voz para expresar el gusto y el dis-gusto, pero nosotros tenemos la palabra para expresar lo justo y lo in-justo y las palabras no son inofensivas: maligno, dolor o culpable…. no son palabras neutras, cuando te las dicen te cambia la vida.

Así es, el hombre es el único animal que para vivir necesita decidir, pensar y decir lo que piensa, el único animal consciente de su débil existencia y eso le hace esencialmente egoísta y miedosos y la fórmula primera y fundamental del egoísmo es la codicia. Homo homini lupus[i].     Si se dejara que los humanos siguieran su naturaleza, decía Hobbes, el miedo consciente de cada uno lo llevaría a arrebatar la comida y los bienes a los demás y el resultado sería la continua guerra de todos contra todos.

Por eso, desde la pequeña tribu al Estado más desarrollado, donde quiera que se produzca un encuentro, donde haya un grupo existirá un poder concentrado, un poder político con su bastón, el Derecho, un montón de convenciones, de enunciados, de palabras cada vez más sofisticadas, con la finalidad de ordenar una determinada comunidad y así poder continuar.

¡No es justo! Página 47

Escrito por Antonio Rovira.

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